“Del deporte a la vida” por Alan Brandi

“Del deporte a la vida” por Alan Brandi

Mi experiencia de vida en torno al mundo del deporte, que tengo la fortuna de practicar desde –aproximadamente- los tres años hasta el día de hoy, me ha hecho apreciar inmensas virtudes y, también hay que decirlo, algunos defectos.

Mi profesión es el fútbol sala, pero soy amante del deporte en general y considero que todos tienen una cosa en común: se trata de una actividad que no solo cultiva la salud física y mental de una persona. Es mucho más. Constituye una incalculable lista de elementos positivos que comienzan por el entretenimiento, pero que se destaca, en mi opinión, por la transmisión de valores y una importante función social.

La riqueza social que tiene el deporte lo hace diferente de cualquier otro “hobby”. En mi caso, por ejemplo, puedo decir que la mayor parte de mis amistades comenzaron con un balón de por medio. Se empieza compartiendo una afición, intereses, una profesión –para mí el fútbol sala- y se acaban formando grandes lazos. Es, quizás, lo más bonito que nos deja el deporte y lo que, al final de una carrera, destacan muchos deportistas.

No obstante, cuando hablamos de la transmisión de valores, el deporte tiene mucho que mejorar y, por suerte, existe un amplio margen de progreso. Cuando se compite al más alto nivel, los deportistas, entrenadores, directores o presidentes se olvidan en numerosas ocasiones que tienen un –amplio- público infantil y se centran única y exclusivamente en el concepto “ganar”…de la forma que sea. Y ciertos valores, o se aprenden en la infancia, o no se aprenden. Por fortuna, puedo decir que los entrenadores/formadores que tuve desde mi niñez, se preocuparon por la transmisión de aspectos fundamentales como la generosidad, solidaridad, humildad o el compañerismo. Es cierto que, en todo juego, nadie quiere perder y forma parte de la naturaleza del hombre. Pero los niños deben saber que el primer objetivo es divertirse.

El problema es que, hoy en día, muchos hacen el camino al contrario. Esto es, y pongo el ejemplo del fútbol como caso habitual, más conocido y con el que muchos se pueden identificar. Padres que meten en la cabeza de sus niños que pueden ser estrellas del fútbol. Entonces, les roban parte de su infancia y desisten del aprendizaje de valores más importantes porque un objetivo/sueño prematuro –para el que no están preparados- se interpone en su vida.

La edad en la que uno decide convertirse en deportista profesional –o desiste- llega cuando se adquiere la madurez necesaria. Porque, pese a que muchos lo desconocen, todo deportista profesional debe estar preparado para persistir en un camino de sacrificios, sufrimiento, presiones…y si se sabe convivir con ello, por supuesto, llega el éxito y todo lo bueno que la gente sí conoce.

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